lunes, 14 de julio de 2008

Espíritu Olímpico

Por YOGUI

El viernes tuve la posibilidad de ver la final de los juegos olímpicos de Atenas 2004 y me vinieron muchas cosas a la mente, ya que a pesar de que se me sigue poniendo la piel de gallina con la chicharra final, pude analizar un poco más fríamente lo que sucedió.

Atrás había quedado la semifinal contra Estados Unidos donde un Walter Hermmann que había jugado muy poco durante todo el torneo, fue el jugador mas importante ante unas atónitas figuras de la NBA que no podían creer lo que estaban viviendo.

La final con Italia fue relativamente pareja hasta el último cuarto, a pesar de que Argentina siempre estuvo arriba en el marcador y sobre todo el juego. Es claro que con el entusiasmo del equipo de Magnano y el nivel de algunos jugadores el conjunto mediterráneo no tenía posibilidades de aspirar al oro olímpico.

Hubo muchos factores que hicieron que la final fuera casi un trámite: Scola tuvo un gran partido, tanto en la ofensiva como en la defensa y mostró toda su garra durante el partido. El puma Montecchia anotó, como a lo largo de todo el torneo, un par de triples decisivos cuando el partido se ponía complicado. Nocioni estaba hecho una fiera en los tableros, peleó cada uno de los rebotes que hubo e hizo un par de tapas que derrumbaron la moral de los tanos. Sconochini en momentos chivos sacó toda su experiencia y le puso calma al equipo. Y por último Pepe Sánchez compartió la base los minutos finales del partido con Montecchia, para que la medalla dorada no se nos escapara por ningún motivo.

¿Se dan cuenta de algo? No nombré al estandarte de ese equipo, el que tantas satisfacciones nos dio (y seguramente nos seguirá dando). Manu Ginóbili jugó por momentos un partido discreto en la final olímpica. Inclusive en el último cuarto tuvo pocos minutos y los que jugó lo hizo condicionado por estar cargado de faltas.

Esto me lleva a reflexionar sobre algo que casi todos olvidamos. Aquel plantel de Argentina ¡era realmente un equipo! Sin egoísmos, sin jugador que fuera imprescindible (demostrado con Oberto que no pudo jugar la final), donde todos buscaban el mismo objetivo: ser campeones olímpicos. Por eso creo que si mantienen esa pasión y ese espíritu de equipo, el oro será nuevamente nuestro juegue o no juegue el jugador más grande de la historia del básquetbol argentino: Emanuel Ginóbili.

1 comentario:

Lucas dijo...

Muy bueno el articulo YOGUI.
Yo también tuve la posibilidad de revivir cuando lo pasaron hace poco y la verdad es que uno no puede dejar de emocionarse.
La verdad es selección como esta no creo haber visto en mi vida, es un equipo TERRIBLE y con un corazon increible.
Y es cierto lo que vos decis: Manu es una pieza mas en este andamiaje que es el equipo. Y se puede decir también que no es el lider absoluto (Pepe, Scola o Nocioni también lo son).
Pero siempre recuerdo en las semis cuando USA se nos venía encima y el pegó un par de gritos, pidió la bola en todas las acciones ofensivas siguientes y manejo el partido a su antojo.
Ese es el plus que le da Manu al equipo: dale la bola en el ultimo cuarto y el gana campeonatos.
Un abrazo!